El silencio frente a las madres buscadoras
Por: Annia García
Titular de la Secretaría de las Mujeres del PAN Jalisco.
Como mujer y como madre que cree profundamente en el humanismo político, hay realidades que no solo duelen: indignan hasta la médula.
Para miles de mujeres en México, el 10 de mayo dejó de ser una celebración. Se convirtió en un recordatorio permanente de la ausencia, de la incertidumbre y de una herida que nunca termina de cerrar.
Mientras muchas familias celebran alrededor de una mesa, otras siguen esperando a quien no volvió.
No hay flores, regalos ni homenajes que puedan llenar el vacío de un hijo desaparecido. Para ellas, el único regalo posible es la verdad.
Es imposible no estremecerse ante la realidad de madres que celebran su maternidad escarbando la tierra, recorriendo predios y buscando respuestas donde las instituciones no han logrado responder.
Muchas de ellas eran mujeres dedicadas a sus familias, a sus hogares y a su trabajo. Hoy también son investigadoras, rastreadoras y defensoras de derechos humanos, porque el amor por sus hijos las obligó a convertirse en lo que el Estado no pudo ser.
Y aun así, no se rinden.
Jalisco no es ajeno a esta realidad nacional. Miles de familias viven atrapadas entre la esperanza y el miedo, esperando una llamada, una respuesta o simplemente una verdad.
Mientras México se prepara para mostrarse ante el mundo rumbo al Mundial 2026, miles de madres siguen buscando a quienes un día desaparecieron y nunca volvieron.
Porque la pregunta sigue ahí:
¿cómo puede una nación celebrar mientras tantas familias viven en la incertidumbre?
Desde el humanismo que defendemos en Acción Nacional, creemos que la persona y la dignidad humana deben estar al centro de toda acción pública. Ninguna estrategia de imagen, ningún discurso y ningún evento internacional puede estar por encima del dolor de una madre que busca a su hijo.
Las madres buscadoras no son adversarias de ningún gobierno. Son mujeres valientes que todos los días le recuerdan al país la deuda pendiente con la verdad y la justicia.
A ellas les debemos algo más que solidaridad momentánea o discursos de ocasión. Les debemos resultados, acompañamiento y sensibilidad humana.
Porque mientras exista una sola familia viviendo en la incertidumbre, México seguirá teniendo una deuda pendiente con la justicia.
Buscar también es una forma de amar.
Y ningún gobierno debería acostumbrarse a que sean las madres quienes hagan solas el trabajo de encontrar a sus hijos.
