Por: Annia García
Titular de la Secretaría de la Mujer del
Gobernar Chihuahua nunca ha sido para tibios, pero lo que hoy enfrenta Maru Campos ya no parece una crítica política ordinaria, sino una ofensiva permanente.
Porque mientras en este país muchos errores se minimizan, muchas omisiones se justifican y muchos gobiernos son protegidos por el silencio, contra Maru Campos parece existir una vigilancia obsesiva donde todo se cuestiona, todo se magnifica y todo se convierte en escándalo.
Y vale la pena preguntarlo con seriedad: ¿por qué?
A quienes hoy están en el poder les incomoda una mujer que gobierna con autonomía, firmeza y resultados desde el norte del país.
Les incomoda que Chihuahua haya logrado estabilidad institucional en medio de un país marcado por la incertidumbre. Les incomoda una gobernadora que no se ha subordinado políticamente y que ha defendido decisiones pensando en su estado, no en aplausos fáciles.
Porque gobernar no es repetir discursos todos los días. Gobernar es dar resultados, sostener instituciones y enfrentar problemas reales.
Y eso es precisamente lo que muchos no le perdonan a Maru Campos.
La discusión alrededor de su gobierno también abre una conversación incómoda: en México, cuando una mujer ejerce el poder con carácter, muchas veces deja de ser juzgada únicamente por sus resultados y comienza a enfrentar un nivel distinto de desgaste, descalificación y ataque personal.
No se trata de pedir privilegios ni inmunidad política. Toda figura pública debe rendir cuentas. Pero también debe existir congruencia.
Porque mientras a algunos gobiernos se les tolera casi todo, a otros parece exigírseles perfección absoluta.
Pero los datos siguen ahí.
Chihuahua continúa siendo referente económico y exportador, mantiene inversión histórica en infraestructura y ha impulsado estrategias de seguridad y desarrollo reconocidas a nivel nacional.
Desde Acción Nacional cerramos filas con Maru Campos. No por consigna, sino porque cuando el ataque político se vuelve evidente, guardar silencio también sería una forma de complicidad.
Intenten instalar la narrativa que quieran. El carácter chihuahuense no se intimida.
Chihuahua tiene gobernadora. Y mientras muchos apuestan por el desgaste permanente, Maru Campos sigue gobernando.

