Cada 20 de marzo, el calendario nos recuerda una peculiar efeméride: el Día Internacional de la Felicidad. Instituido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), este día no es una ocurrencia trivial, sino el resultado de una creciente conciencia global sobre la importancia del bienestar y la calidad de vida, más allá de los fríos números del crecimiento económico.
Si bien podría sonar paradójico dedicar un día específico a algo tan intrínseco y personal como la felicidad, la iniciativa de la ONU tiene profundas raíces y un objetivo loable. Fue el Reino de Bután, una nación que desde la década de 1970 ha priorizado la Felicidad Nacional Bruta (FNB) por encima del Producto Interno Bruto (PIB), quien impulsó esta idea. Bután nos recuerda que el progreso de una sociedad no puede medirse únicamente en términos económicos, sino que debe considerar el bienestar integral de sus ciudadanos.
La resolución de la ONU, adoptada en 2012, reconoce la felicidad como un objetivo humano fundamental y un derecho universal. En un mundo marcado por conflictos, desigualdades y crisis ambientales, esta declaración cobra una relevancia especial. El Día Internacional de la Felicidad se convierte así en una invitación a los gobiernos, las empresas y cada individuo a reflexionar sobre el impacto de las políticas económicas y sociales en la vida cotidiana de las personas. En el contexto mexicano, por ejemplo, la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021 del INEGI reveló que, si bien la mayoría de la población adulta reportó sentirse satisfecha con su vida, existían diferencias significativas por nivel socioeconómico y región, lo que subraya la necesidad de políticas públicas que aborden las desigualdades para promover un mayor bienestar general. Puedes encontrar más información sobre esta encuesta en la página oficial del INEGI: https://www.inegi.org.mx/programas/enbiare/2021/.
No se trata de ignorar los desafíos que enfrentamos, ni de pintar un mundo color de rosa. Más bien, es una oportunidad para recordar que la búsqueda de la felicidad no es un lujo, sino una necesidad fundamental para el desarrollo humano sostenible. Fomentar sociedades justas, inclusivas y equitativas, donde se respeten los derechos humanos y se promueva el bienestar mental y físico, son pilares esenciales para construir un mundo donde la felicidad pueda florecer.
En este Día Internacional de la Felicidad, quizás valga la pena detenernos un momento y preguntarnos: ¿qué estamos haciendo, tanto a nivel individual como colectivo, para construir una sociedad más feliz? ¿Estamos priorizando el bienestar sobre la mera acumulación de riqueza? ¿Estamos creando espacios donde la alegría, la conexión humana y el sentido de propósito puedan prosperar?
La felicidad no es un destino, sino un camino. Y este día nos brinda una valiosa oportunidad para reflexionar sobre la dirección en la que estamos caminando. Quizás, la verdadera celebración radique en el compromiso de trabajar juntos para construir un mundo donde la felicidad no sea solo una aspiración, sino una realidad para todos. Nos leemos la siguiente semana y recuerda: luchar, luchar siempre, pero siempre luchar desde espacios más informados que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

