**Por Miguel Ángel Ruvalcaba Molina
Las restricciones migratorias afectan directamente a las familias migrantes, muchas de las cuales dependen de las remesas enviadas desde Estados Unidos. Según el Banco Mundial, en 2022 las remesas a América Latina alcanzaron los 142,000 millones de dólares, siendo una fuente vital para millones de personas. Con la revocación de visas y la imposibilidad de migrar legalmente, estas familias enfrentan mayores niveles de pobreza y exclusión. Además, la incertidumbre generada por la cancelación de programas como el Estatus de Protección Temporal (TPS) deja a miles de migrantes en riesgo de deportación y vulnerabilidad extrema.
En Estados Unidos, sectores clave como la agricultura, la construcción y los servicios han reportado escasez de mano de obra debido a la disminución de trabajadores migrantes. Según la American Business Immigration Coalition, los trabajadores extranjeros representan más del 70% de la fuerza laboral agrícola en algunos estados. Las restricciones migratorias no solo afectan a las empresas, sino también a la economía general, que depende de la contribución de los migrantes tanto en términos laborales como fiscales.
Abordar la migración únicamente desde la revocación de visas ignora las causas estructurales del problema: pobreza, violencia y cambio climático en los países de origen. Más que barreras, se necesitan soluciones que incluyan cooperación internacional, desarrollo económico sostenible, y vías legales y seguras para migrar.
La migración no debe ser vista como una amenaza, sino como una oportunidad para el crecimiento económico y humano. Una política migratoria con enfoque humanitario y estratégico puede convertir esta crisis en una oportunidad para construir un futuro más justo y próspero para todos.
*Miguel Ángel Ruvalcaba Molina es analista en temas de migración y relaciones internacionales.*

