Myriam Fernanda Sánchez
Tom & Jerry: La Brújula Mágica llega a México como una propuesta curiosa y en muchos sentidos, inesperada, ya que no intenta copiar lo clásico al pie de la letra, sino darle una nueva aventura al dúo más famoso de la animación, justo en el marco de su 85 aniversario.
Para muchas personas que crecieron viendo sus persecuciones en la televisión ( especialmente quienes hoy rondan los 40 o más) esta película funciona como una puerta directa a esos recuerdos; el humor físico, el caos controlado y ese tipo de comedia que no necesita demasiadas palabras para entenderse.
Uno de sus mayores aciertos es que se trata de la primera película de la franquicia hecha completamente en animación por computadora, y eso se nota en el diseño de escenarios, texturas y movimiento.
Además, el proyecto tiene un contexto especial, es una colaboración poco común entre Warner Bros y China, dirigida por el cineasta asiático Zhang Gang, lo que se refleja en el estilo visual y en el hecho de que gran parte de la historia se desarrolla en una ciudad inspirada en la antigua China, esa elección le da una identidad distinta y le suma un aire de fantasía que se siente fresco dentro del universo de Tom & Jerry.
La película también carga con detalles interesantes, ya que esta fue nominada a Mejor Película de Animación en el Festival de Cine de Shanghái 2025, y existen dos versiones, la original china que tiene una duración de 104 minutos y la internacional de 92 minutos, pensada para ser más ágil, este recorte en general ayuda al ritmo, aunque en algunos momentos se percibe que la historia pudo respirar un poco más.
En lo negativo, hay que decirlo: no todo el humor tiene la misma fuerza que en los cortos clásicos, y por ratos la película se inclina más hacia la aventura y lo visual que hacia el slapstick puro que muchos esperan, aun así, el resultado final es entretenido, familiar y con suficiente encanto para justificar la experiencia en pantalla grande.
Tom & Jerry: La Brújula Mágica no pretende reemplazar lo que la gente amó en su niñez, más bien busca recordarlo, actualizarlo y ponerlo en manos de nuevas generaciones, y si algo tiene valor hoy, es ver cómo un clásico todavía puede reunir en la misma sala a papás, mamás, tíos… y también a quienes lo descubren por primera vez.
